-Se equivoca, señora Eva. Ese tipo de cosas, como usted las llama, no salen en las películas; porque las mujeres con un buen aire romántico en el cuerpo saldrían tan deprimidas que habría una oleada de suicidios femeninos debido a que saben que nadie les hará algo así jamás. Pero si cree usted que en el mundo real uno puede levantar los pies del suelo y volar, señorita Eva, no tiene nada por lo que vivir. Sin ilusión no hay vida que valga la pena.-Cuando le conocí creí que era usted un escéptico, señor Brawn.
-Supongo que tendré que dejar de corregirla para que me llame Rick- dije olvidando por unos segundos la intensa discusión-. Déjeme que le diga que tengo muchas facetas, pero jamá he perdido la ilusión. No creer en el amor como un ente superior, ni en religiones que prometen paraísos, ni en la vida tras la muerte no quiere quiere decir que no pueda disfrutar de la sonrisa de la persona a la que amo. Al fin y al cabo son las sonrisas las que mueven el mundo, señorita Eva, y vale la pena trabajar muy duro por una de ellas. De hecho, mucho más importante me parece trabajar para ver una sonrisa que para comprar lavadoras y porquerías de esas.
-Señorita Eva -dijo Will-, ¿no le habrán puesto alcohol en el suero al pobre Rick , no? Demasiado filosófico lo veo hoy.
Mientras tanto, en la camilla que había a mi izquierda podía ver cómo doña Carmen María contemplaba la escena y sonreía. Solamente sonreía.
¿Qué os parece esta página? A mi me resulta preciosa.























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