-- Contiene un "pequeño" spoiler. Nada relevante para la historia --
Estáis hoy aquí para que se os asigne una de dos vidas posibles: la de miembros de la Gran Guardia Marina, para defender Seiiki de enfermedades e invasiones, o una vida de aprendizaje y oración en la isla de las Plumas. De los guardias del mar, doce tendrán el honor de convertirse en jinetes de dragón.
Solo doce. Normalmente eran más.

Muchos asintieron.
-Para aumentar nuestras filas, tenemos el honor de contar con estos dos grandes guerreros que nos ha ofrecido el Imperio de los Doce Lagos. Estoy seguro de que esto marcará el inicio de una amistad más estrecha con nuestros aliados del norte.
El general del Mar inclinó la cabeza en dirección a los dos dragones lacrustinos. No estarían tan acostumbrados al mar como los dragones seiikeneses, ya que en el Reino de los Doce Lagos seguramente vivirían en agua dulce, pero los dragones de ambos países habían luchado codo con codo durante la Gran Desolación, y tenían ancestros comunes.
Tané notó que Turosa la miraba. Si Turosa llegaba a jinete, seguro que decía que su dragón era el mejor de todos.
-Hoy todos sabréis cuál es vuestro destino -dijo el general del Mar, sacando un pergamino de su sobreveste-. Empecemos.
Tané cogió aire.
La primera aprendiz que llamaron fue asignada a las nobles filas de la Gran Guardia Marina. El general del Mar le entregó una túnica del color del cielo en verano. Cuando la cogió, un dragón siikinés soltó un humo que la sobresaltó. El dragón resopló.
Dumusa, de la Casa del Oeste, también fue nombrada miembro de la Guardia Marina. Era nieta de dos jinetes, de origen sureño y seiikenés. Tané observó cómo aceptaba su nuevo uniforme, se inclinaba ante el general del Mar y se situaba a su derecha.
El siguiente aprendiz fue el primero en unirse a las filas de los estudiosos. Tenía el cabello del rojo intenso de las moras, y los hombros le temblaron al inclinarse.

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